
Desconozco si la tendencia se originó con la monarquía o las novelas venezolanas. Más allá de esto, me pregunto, ¿para qué sirven los segundos nombres?
Porque por lo general, nadie está orgulloso del mismo. Lo terminan develando en algún "verdad o consecuencia" o tal vez, en la lista del colegio, seguido por la burlona risa de sus pares.
Los contrargumentos de los nombres compuestos o quiénes usan su segundo nombre como el de pila no cuentan, de la manera como te llamen, habrá un nombre se sobra.
Algunos lo aprovechan para cambiar de personalidad, utilizan su segundo nombre como apodo alternativo. Es una buena opción si están en el programa de protección a testigos, sufre de esquizofrenia o tienen familias paralelas.
Yo propongo un nuevo uso del segundo nombre. ¿Por qué no usar un nombre para la juventud y otro para la adultez?
Por ejemplo, la mayoría de nuestros padres tienen nombres de la índole Rosa, Susana, Mirta, Roberto, Norberto, Saúl, Jaime. ¿Cuándo conocieron a una Mirta o a un Saúl joven? Simplemente no existe, no cabe en nuestros parámetros de pensamiento. Son hipótesis inimaginables.
La próxima vez que alguien intente hacer de tu segundo nombre objeto de risa, responda con elegancia "burlénse, pero ese es mi nombre de viejo, voy a envejecer elegantemente como norberto mientras ustedes seguirán siendo juanita, tiago o maritza por el resto de sus días"