Yvan

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domingo, 27 de marzo de 2011

El código del turista


Las vacaciones no son parte de la realidad. Son como una suerte de "remix de la vida", y, dependiendo de lo que se haga uno puede entender sus códigos o no. No es lo mismo estar veraneando en un balneario que vacacionar en una ciudad con la mente puesta en romper el récord de museos y landmarks visitados.
Proseguiré a tratar un tema enmarcado en este segundo contexto mencionado.

Al estar solo o en pareja (aún más solo), es prácticamente imposible sacarse una foto sin la necesidad de la intervención de un tercero, como por ejemplo otro turista. En estos casos se da un estado de solidaridad máxima. En una gran cantidad de casos el otro turista no sólo estará más que dispuesto a sacarte la típica fotografía sino que luego se acercará y preguntará si es adecuada, si la querés en otro ángulo, si querés otra, si preferís con flash, sin flash, con más exposición, entre otras exigencias.

La realidad es que cada vez que sucede eso, lo único que deseo es que la interacción con el desconocido sea lo más corta posible. Un clic y ya está. No hay nada más incómodo que una persona ajena a tu cámara de fotos esté setteándola a gusto mientras estoy parada con una risa forzada por más de 10 segundos.

También está la inevitable forma de trueque fotográfico, ese "te saco y me sacás?" Ahí, el problema se incrementa, la pelota está del otro lado. Todas exigencias fotográficas de las cuales yo prescindía, el otro turista las va a requerir. Y es en ese momento cuando una foto del mismo lugar no es suficiente, sino varias. En distintos ángulos y posiciones, con la cámara vertical y horizontal, con la novia a la izquierda y a la derecha. Pero uno se ve obligado a hacerlo, porque ya te sacó la foto y le debés that much.

Siempré estará la alternativa de la autofoto, teniendo en cuenta de que en los alrededores hay turistas al acecho, con necesidad de fotos. Y un pelotudo autosacándose fotos es la carnada perfecta.


viernes, 18 de marzo de 2011

Vocación


En estas vacaciones me pude dar el lujo de visitar museos de una manera masiva. Museo tras otro tras otra por aproximadamente tres semanas. Luego de ver tanto arte llegué a una conclusión: mi vocación es hacer instalaciones.

No hablo de instalaciones de software, de electricidad, sino de arte. Colocar objetos seleccionados con un determinado criterio y colocarlos en un museo y una breve inscripción con mi biografía y concepto artístico de mi obra.

Después de haber visto pisos levantados, rayitas pintadas en el marco de una puerta, una ola con una lata aplastada y colillas de cigarrillos, un lago de petróleo en medio de una galería y hasta una pecera llena de insectos, no veo porqué yo no podría hacer lo mismo.

Mi instalación se podría tocar, sacarle fotos, y cambiaría con cada visitante de la galería. Abarcaría todo un salón y tendría muchos colores.

domingo, 6 de marzo de 2011

Frío


El hemisferio norte me está haciendo experimentar cosas nuevas. Como por ejemplo, el prescindir de la intermediación humana en los supers o minimercados, comúnmente conocidas como cajeras, la seguridad de caminar por la calle sin temor, revistas de chimentos con celebridades desconocidas en sus portadas, entre otras.

Pero si hay algo a lo que definitivamente no puedo acostumbrarme, es al frío.

Un frío tan gélido que penetra en lo más profundo del ser para instalarse en los huesos y retardar su efecto hasta horas más tarde de su exposición.

Un frío más frío que una madrugada de junio en la rambla. Más frío que hacer surf en el río de la plata en julio.

Más frío que tomarse un helado demasiado rápido para lograr el conocido "brain freeze". Más crudo que boliche en montevideo después de las 6 am.

Más insoportable que caminar con un roedor mordiéndote la pierna constantemente.

En fin, la próxima vez que se apichonen por 15 grados y piensen "que embole, ni da salir con este frío", les recomiendo a todos que agarren esos 15 grados los acaricien, les hagan mimos, los abracen, les hagan cariñitos, le hagan regalitos y pidanle que nunca más los deje.



jueves, 17 de febrero de 2011

Reflexión sobre la publicidad

Hablemos de una de las profesiones más antiguas: la publicidad.

Ésta, en sus inicios, se hacía de una manera explícita y sumamente denotativa. Por ejemplo, en Pompeya, las enseñas que indicaban el camino a los antiguos prostíbulos, eran conformadas por penes erectos que indicaban el camino. Y es en ese momento, donde las dos profesiones más antiguas se encontraban.

Hoy en día, la evolución nos otorgó, además de todos los placeres tecnológicos que gozamos, una publicidad más sofisticada y sutil. Enterrados en el pasado están los penes erectos. En la actualidad tenemos conceptos más refinados, hablamos de target, activación de marca, redes sociales, community managers, entre otros términos caretas que utilizamos los publicistas.

Pero no fue sino al ver un cartel de vía pública de una conocida marca de productos embutidos que me hizo cuestionarme la existencia de dicha evolución. La fotografía retrataba a un hombre y una mujer en extremos opuestos de un pancho con la intención de comer de él.

Esto me retrotrajo al inevitable eufemismo que significa “comerse un pancho” y me puse a pensar ¿cómo es posible que una marca que produce elementos fálicos comestibles pueda publicitarse de una manera delicada?

Supongo que debe ser el mismo problema al que se enfrenta un padre al explicarle a su hijo pequeño cómo se hacen los bebés o como cuando uno va a comprar preservativos a la farmacia. Es un proceso incómodo e ineludible de la vida.

sábado, 5 de febrero de 2011

La cuestión de las aguavivas


Es indudable que una de las plagas más molestas del verano son las aguavivas, o como a mí me gusta denominarlas "las palomas del mar".
La consistencia gelatinosa de estos seres me hace desconfiar y me despierta ciertas interrogantes: ¿son agua o son vivas? Sus características me recuerdan a un cerebro humano, ¿pero acaso piensan? ¿Son conscientes del daño que nos hacen al picarnos?

Estos planteamientos no me surgieron sino hace pocos días, donde en la costa uruguaya fui testigo de un verdadero ataque de medusas. No había centímetro de arena costera que no estuviese cubierto por alguno de estos malignos seres.

Observé el curioso comportamiento que los niños tienen frente a este plaga. A su mirada inocente, estos bichos vendrían a ser el equivalente a un pote de play dough. Les tiran arena, las tocan con palitos, las usan como decoración para sus castillitos, se las tiran unos a los otros cual bombita de agua en carnaval, etc.

Entonces fue que me invadió la compasión. ¿Por qué perturbar a estas criaturas de la naturaleza, si somos nosotros, los seres humanos quiénes invadimos su habitat?

Por ende, se me ocurrió una gran variedad de usos útiles que podrían tener las aguavivas en el mundo real, en lugar de molestarlas sin razón aparente.

He aquí las nuevas funciones que propongo para las aguavivas:

- Ponerla en el freezer, congelarla, para luego poner en la heladerita que llevamos a la playa para que mantengan fríos nuestros alimentos.

- Despertador: ¿Acaso alguien se despierta con la alarma del celular? Todos sabemos que lo terminamos tirando al piso provocando una inevitable llegada tarde. ¡Qué mejor que despertarse con una agua viva en la cara para empezar el día pila pila!

-Elemento de defensa personal: Chicas, ¿para qué cargar con un pequeño frasco de gas paralizante cuando no tenemos la certeza si realmente paraliza? Una aguaviva en los pantalones dejará al atacante completamente inmovilizado

- Como almohada de viaje. Nada más cómodo que apoyar la cabeza en aguaviva, sea en auto, avión o tren.

En fin, he aquí algunos de los tantos ejemplos de nuevas tareas para las aguavivas. Así que la próxima vez que esté en la playa, no dude. Tome una aguaviva, llévesela para su casa, dele trabajo.


sábado, 15 de enero de 2011

Falsas amistades


Hablemos de las amistades por conveniencia. Esas que uno tiene sólo porque puede obtener algo a cambio, un beneficio. Ojo, no estoy hablando de esa clase de beneficio.
Cuál sería el grado más alto de la amistad falluta. ¿Un amigo con dinero se preguntarán? Por favor no, que clichè.
Además es bien sabido que el dinero va y vuelvo, y tu amigo rico eventualmente puede devenir en pobre y uno termina con una amistad insoportable de clavo.

Sí, existe una amistad aún más falluta que la anteriormente nombrada y esa es la de los patovicas. Estos seres corpulentos, de apariencia ruda, que vigilan las puertas de los más exclusivos (y no tanto) locales bailables.

Realmente, ¿existe algo más satisfactorio que entrar a tu boliche favorito sin hacer cola y sin pagar?
Que con un "Hola, (inserte nombre de sujeto aquí), como va todo?" y un apretón de manos uno acceda a la puerta del lugar sin complicación.

Además, el patova será patova por siempre, esto equivale a una eternidad de tratamiento VIP.

Por ende concluyo que los patovas son incapaces de tener amigos verdaderos. Tienen que analizar sus amistades de manera meticulosa. Sólo podrán confiar en aquellos que los conocían desde un pasado no patova.

domingo, 9 de enero de 2011

Cosas que solo te pasan cuando te subís a un taxi


Hoy me tomé un taxi para volver de la terminal hasta mi casa. Luciendo un increíble y natural bronceado y vistiendo una camperita demasiado ondera para lucir solamente en el trecho Punta del este- Montevideo en COT. Ésta simplemente no cabía dentro del bolso y no me quedó otra que transportarla puesta. Todo esto, mezclado con unos shorts de jean, gafas oscuras y una melena despeinada, contribuyeron a la siguiente anécdota.

Me subo al taxi y la conversación se da más o menos así:

-¿Viene de la playa?
-¿Si lo qué viene de la playa?
- Ud, ¿de qué playa viene?
-Ah, de punta del este
-¿y?¿Cómo está? ¿divino no?
-Sí, precioso
- ¿Muchos extranjeros?
-Sí, argentinos y brasileros a patadas

(WARNING SANATA ALERT)

-Pero bueno, ahora tengo que volver, ya se me acabó la licencia.
-Ah sí? ¿Dónde trabajás?
-En una agencia de publicidad. Soy publicista. ¿Vio las publicidades que pasan en la tele? Muchas de ellas las hice yo.
-Ah mira. ¿Pero la filman?
-No, no, yo no me encargo de la producción. De eso se encarga otra empresa, pero acá en Uruguay hay que supervisar todo. Siempre te quieren encajar lo más barato, a mí no me gusta trabajar así.
-Ah, ¿estudiaste publicidad?
-Sí, pero todavía no me recibí. Me queda una materia nomás. Pero acá en el ambiente no importa.
-Claro, y sí, si tenés un buen trabajo.

(...)

De más está decir que estoy pasando a 3ero de publicidad, no tengo trabajo, nunca gocé de una licencia, ni tampoco de un abultado sueldo. Aun así, el señor taximetrista sin pudor se autocobró 13 pesos de propina.
Pero bueno, yo creo en la ley de la atracción. Hay que pensar para obtener, hay que actuar para eventualmente ser. Así que si un día esto se cumple de una manera más o menos verídica, ese taxista se ganó esos 13 pesos.

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